¿Por qué Jorge no puede ir a la misma escuela que su hermano?

  1. ¿Qué les preocupa a los profesionales y a las familias?

Las preocupaciones de las familias giran en torno a una cuestión capital: qué es mejor para sus hijos; y, dentro de la misma, qué es mejor en cada uno de los ámbitos en los que éstos se desenvuelven: su bienestar, su felicidad, encontrar las mejores posibilidades en sus respectivos desarrollos, la mejor atención que puedan tener en las instituciones sociales en las que tomarán parte con más incidencia aun en el terreno de la escuela, a la que se atribuye la obligación de convertir esa atención en una formación que les permitirá, a la larga, desenvolverse por sí mismos en una sociedad en la que cada vez formarán parte más activa.

Los deseos familiares, por tanto, se resumen en una ecuación temporal que versa sobre un feliz y eficaz presente que les permita una exhaustiva preparación para el futuro, tanto en lo que a aprendizaje de conocimientos como a educación axiológica y de implicación social se refiere.

Profesionales y familias coinciden a la hora de preocuparse en que la atención a los niños sea la más personalizada posible. Las familias por el simple hecho de que quieren lo mejor para sus hijos y los profesionales porque, también deseando lo mejor para sus estudiantes, entienden la necesidad de esa atención personalizada comprendiendo a su vez en mayor grado la dificultad de aplicar ésta con corrección y eficacia, quedando, por tanto, su preocupación enfocada hacia cómo afrontar estas dificultades que propicia la necesidad de atención de una escolaridad que, camino a lo inclusivo, enfrenta cada vez una diversidad mayor.

Por último, los profesionales — así como las familias pero, una vez más, desde una perspectiva obviamente más metodológica — andan preocupados por hacer de las barreras socioculturales obstáculos de cada vez menor tamaño, equipando a los alumnos de los útiles necesarios para que no sólo puedan enfrentarse a una sociedad excluyente en su naturaleza (a fin de cuentas las leyes sociales no son más que expresión cultural de las leyes biológicas de la supervivencia de las especies descritas famosamente por Darwin), sino para que extrapolen la concepción inclusiva de la formación en la que están tomando parte dentro de esa sociedad, con el fin de hacer de ella una que refleje cada vez menos ese darwinismo social y, contrariamente, se sustente menos en la supervivencia — o en la simple existencia — del individuo más apto y más en valores solidarios y humanistas.

Podríamos, por último, añadir a ese listado de preocupaciones la petulancia, la parsimonia y la pereza de las instituciones administrativas de la Educación, así como las contradicciones en las que sus dictámenes continuamente incurren con la realidad en la que se desenvuelve la labor docente diaria — también en lo que a educación inclusiva se refiere, por supuesto. Todo ello aliñado con el recurrente tópico de la poca preparación de los maestros en relación a situaciones concretas de necesidad de inclusión educativa y, aún más, de inclusión social.

  1. ¿Qué profesionales serían necesarios para dar una respuesta efectiva a las necesidades de Jorge?

No incurramos, no obstante, en la actitud proselitista de pensar que una atención personalizada no implica, por necesidad, una atención especializada.

Quizás Jorge no forme parte de ese 10 por ciento de individuos con Síndrome de Down que presentan un grado severo de retraso mental así como complicaciones logopédicas, cardiopáticas o endocrinas, y que requerirían ya no sólo de una atención educativa más personalizada sino también de una atención psicológica y médica que lo fueran.

En cualquier caso y sin duda, tanto para Jorge como para casos de Síndrome de Down que presentaren evidencias de retraso mental más severo, la necesidad de una estimulación diferente es evidente — lo que implica docentes especializados en ese tipo de estimulación.

Y, por último, postulados en el mejor escenario posible en el que todas esas dificultades desprendidas de esa misma necesidad de estimulación particular fueran salvaguardadas y los refuerzos psicológicos y logopédicos necesarios junto con quién sabe si la atención médica necesaria fueran provistos, Jorge, así como otros niños que padezcan esta condición en cual fuere el grado, necesitarán entrar en contacto con un terapeuta ocupacional o con profesionales afines dentro del marco de talleres ocupacionales que hubieren de habilitarles en el desarrollo de habilidades y conocimientos que los capacitaren para, autónomamente, desarrollar su proceso de integración en esa sociedad darwinista mencionada.

  1. Ventajas e inconvenientes de la implicación de las familias en el proceso educativo.

Las ventajas de la implicación de las familias en el proceso educativo son muchas, si no casi todas las que, en forma de consecuencia, se pudieren desprender de ella. Tanto así que señalar los inconvenientes a la hora de esa implicación dejaría a toda otra consecuencia agrupada bajo la categoría de ventaja.

El proceso educativo es una relación simbiótica de todos los contextos en los que se desarrolla la formación de los educandos, estando principalmente regidos por el ámbito familiar (en lo privado) y el escolar (en lo público). De este modo, la retroalimentación continua para el alumno va, cual círculo vicioso, de uno a otro terreno en forma tal que el estudiante verá reflejados y reflejará sus actitudes y sus comportamientos de un contexto en el otro y del otro en el uno sucesivamente como parte de un continuo homogéneo. No por nada existe un lugar común que se escucha reiterativamente en los pasillos de cada escuela cada día lectivo del año: «eso se trae aprendido de casa».

Y puede que sea cierto, pero es en la escuela el primer contexto eminentemente público donde este aprendizaje (educación, realmente) se aplica. Y lo que se aprende en la escuela tanto a nivel de conocimientos como de educación axiológica, no sólo como parte del proceso educativo y de aprendizaje sino también como parte de la expansión e interacción social que el niño tendrá con sus semejantes así como con los propios maestros, asistentes sociales, psicólogos, directivos y todo otro personal habilitado a trabajar dentro de cada centro se replicará en la casa (como principal ámbito eminentemente privado de la vida de cada joven) así como se replicará en otros contextos públicos en los que se desarrolle el crecimiento de cada uno de ellos.

Así, además, en la interacción entre unos y otros ámbitos en los que el alumno toma parte es también de donde éste extrae un aprendizaje específico sujeto a la interrelación de las diferentes facetas de la realidad de cada individuo, de modo que podríamos convenir que la primera ventaja, simplemente, se puede sacar de, precisamente, la interacción misma de uno y otro ámbito, de modo que el educando aprenda desde temprana edad a correlacionar los diferentes vertientes en las que, cada día más, comienza a expandirse su vida.

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