La digitalización en Ecuador

Uno de los lugares más comunes cuando de una «conversación de soportal» se trata — sin importar cuál sea tu interlocutor — es que:

«El camino hacia el éxito está lleno de obstáculos.»

.- Sabiduría popular

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Y es que, de cualquier otro modo, triunfar sería algo sencillo y al alcance de todos. Y, claro está, por esa misma regla de tres, el valor del éxito decaería de una forma más que drástica. Así, el éxito ya no gozaría de la apreciación de la que a día de hoy — y bajo las escalas de valores actuales — goza. A fin de cuentas, de acuerdo a las leyes de mercado (la de la oferta y la demanda), mucha oferta — o posesión — de un elemento concreto hace decaer su valor.

El éxito de la Ruta: mieles e hieles

Ha sido en este primer año de nuestra Ruta de la Digitalización que ya dentro de poco se cumplirá que he escuchado más veces que nunca antes en mi vida multitud de comentarios y halagos en relación al «éxito obtenido». Y muchas veces se referían a la Ruta de la Digitalización en sí misma como un éxito — con lo que no podría estar más absolutamente de acuerdo — y muchas otras se referían a mi propio éxito profesional… Bueno, ya lo hemos dicho antes y lo repetimos ahora:

«El camino hacia el éxito está lleno de obstáculos.»

.- Sabiduría popular

Ruta de la Digitalización: Ibai Fernández, capacitador
Ruta de la Digitalización: el profe

Así, en ese sentido, supongo que sí, que he de reconocer que andamos alcanzando el éxito… porque los obstáculos han sido muchos — y muy grandes — y hasta ahora nadie puede decir que no hayamos cumplido — que no estemos cumpliendo, porque la Ruta sigue… — los objetivos propuestos.

Cierto es que esta Ruta de la Digitalización no habría sido posible de no haber contado con la ayuda de la administración pública (MPCEIP — el extinto MIPro —, MinTel, MIES, IEPS, prefecturas, gobiernos autónomos descentralizados) así como de la administración privada (NIC.ec), pero eso no ha quitado que nuestra Ruta de la Digitalización atravesara continuas penalidades a diferentes niveles en su desarrollo. Penalidades, eso sí, todas ellas salvaguardadas con, precisamente, el suficiente éxito para que no hubiera razón alguna por la que esta Ruta pudiera detenerse…

A fin de cuentas, recién acabados de salir de la primera semana de la Ruta de la Digitalización y ya habíamos dejado en el camino a los primeros 123 ecuatorianos capacitados en las lides de, básicamente, aprovechar las posibilidades que nos da Internet para hacer plata.

El porqué de la primera persona del plural

Observemos, no obstante y antes de continuar, la utilización de la primera persona del plural. No, no estoy esquizofrénico ni me pienso el Gólum ni nada de eso… Mi cabeza, aunque tan loca como siempre, sigue bien puesta sobre mis hombros, los únicos problemas que no creo poder solucionar con inmediatez son los que me trae ese perfeccionismo obsesivo-compulsivo del que siempre hago gala… Entonces… ¿Quiénes somos nosotros?

Nosotros somos quienes hacemos posible la Ruta de la Digitalización. Todos nosotros. Porque sí, quizás fui yo el que tuvo la suerte de ser quien se inventara el concepto, quien pariera la idea primigenia, quien diera luz al nombre, al proceso, a los que serían los contenidos de la capacitación, el eLearning de apoyo, el sistema de implementación de comercio electrónico para que todos y cada uno de los capacitados lo tuviera más fácil que nunca a la hora de poder dar sus primeros pasitos en este circo que es la Era Digital y a estas herramientas que son, por ejemplo, el comercio electrónico, el marketing y el marketing digital, la comunicación y la creatividad.

Pero, entonces, ¿quién es quién en la Ruta de la Digitalización?

Mónica Montúfar: la compañera de Ruta ideal

Mónica Montúfar — Món Mont para los amigos — es mi mano derecha, mi pie izquierdo, el cerebro que me falta cuando ya no me alcanza, el corazón que me late cuando el mío se detiene porque ya necesita vacaciones; el cable a tierra que, cuando me vuelo, hace de mi locura una fuente casi infinita de productividad eficaz y eficiente; el ánimo y la valentía que no tengo cuando llegan las largas noches de insomnio en las que pienso que todo podría estar mucho mejor de lo que está y me lamento por no haber podido entregar una mejor versión de mí mismo lo suficientemente pronto.

Mónica se ha merendado a mi lado cada kilómetro de esta Ruta de la Digitalización, cada evento, ponencia, conferencia, capacitación; ha ido conmigo a cada medio de comunicación a «esparcir el evangelio digital», como hemos llegado a bromear en conjunto más de una y más de diez veces… Ha coordinado los lugares, los viajes, los aperitivos, las bases de datos… Siempre incansable, siguiéndome el ritmo incluso cuando yo mismo sabía que nadie… nadie salvo ella… sería capaz de seguírmelo. Ella sabe que agradezco su existencia cada día que pasa; porque sin ella, nada de esto hubiera sido — ni seguiría siendo — posible kilómetro a kilómetro, día a día.

Karla Cajas: no hay nada que no sea capaz de hacer

Y si lo hay, deja de haberlo enseguida. Porque Karla se pone, te lo investiga, te trae los resultados, te trae una sonrisa, te trae una canción… Karla trae consigo — y también sin necesidad de tener que pedírselo — todo lo que puedas necesitar para hacer de cada día uno inolvidable.

No hay reto — o así lo ha demostrado en este tiempo en el que ha decidido elegirme como su «boss» — que esté fuera de su alcance. Así, en silencio y sin aspavientos de ninguna clase, Karla se sienta en la distancia, arropa sus orejas con sus headphones y se sienta a hacer de su computadora una sinfonía de sabores, colores, armonías musicales, buena literatura… e incluso humor, ¡mucho humor!

Y es que sin Karla entre «los míos», las carcajadas de ésta a la que llamo «mi familia» — ahora que lo que queda de la mía esta mayormente a unos 9.000 kilómetros de distancia — serían muchas menos — además de mucho menos escandalosas — de lo que gracias a ella lo son.

Rose Picón: soñadora de cumbre en cumbre

Hablando de imposibilidades, esta Ruta habría sido una de naturaleza inviable sin la inestimable colaboración de Rose Picón. Rose, como Mónica, se ha convertido en todo lo que me falta cuando me falta… sin siquiera necesidad de tener que pedírselo. Cuando voy a pedirlo, ya está hecho y en mi buzón de correo, en un mensaje de ánimo acompañado por docenas de caritas sonrientes, corazones púrpuras y otros emojis diversos que expresan las más diversas emociones… y cuando le quiero hablar de nuestro siguiente gran paso… ella ya se encuentra reflexionándolo, diseñándolo, diagramándolo en una gráfica para que incluso yo pueda entender — y ser, por tanto, consciente — del alcance de mis propias ideas…

Su corazón vive en una montaña altísima y nevada desde cuya cumbre no se divisa más que un océano de nubes. Y de allí se trae todo el amor y el cariño y, sobre todo, la paciencia necesaria para asistir y aguantar a alguna de mis infinitas «disertaciones estratégicas». Sin su apoyo constante, nada de esto que conocemos hoy en día habría sido posible. Y es por ello que, desde aquí, le envío mi más sincero y profundo agradecimiento, cariño y absoluta admiración.

Ricardo Cadena
Ricardo Cadena: ¡Mundo gamer!

Si siempre conviene tener a un geek en cada familia, la mía tiene al mejor de todos ellos: mi asistente, mi socio, mi amigo… ese  hermano — de otra madre, claro está — que nunca llegué a tener. Un hermano menor de curiosidad insaciable, siempre ávido de nuevos aprendizajes, siempre dispuesto a ofrecerse el primero para ayudar con la tarea que sea con la que me encuentre entre manos. Alguien preocupado en aprender todas y cada una de las habilidades necesarias para complementarme no sólo a mí en mis carencias, sino a cada uno de nuestros compañeros en las suyas.

Ricardo; el primero en estar ahí cuando las frustraciones se acumulan, cuando las cosas no salen como debían… Es cuando Ricardo saca toda la magia que guarda en su chistera — además de los más sabios consejos, a expensa de su edad — para recordarme que no importa cuán mal puedan llegar a ir las cosas un día de éstos, lo más importante es tenernos los unos a los otros — y como eso no va a cambiar sea lo que sea que pase «ahí afuera».

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