¿Quién es Ibai Fernández?

Mis comienzos

Nací en España hace ahora 33 años y llevo los últimos 5 de ellos viviendo en Ecuador. Comencé licenciándome en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Málaga. aunque interrumpí dichos estudios para cursar dos diplomaturas: la primera, de Comunicación Intercultural en la Haagse Hogeschool de La Haya, en Holanda, y la segunda de Gerencia y Producción en los Medios de Comunicación en la Missouri State University en Springfield, Missouri, en los Estados Unidos de América.

Fue, de hecho, a la vuelta de Holanda que formé mi primer grupo de música en el que hacía las veces de baterista: Stone Pillow; en Springfield, en cambio, fue donde rodé la primera de mis producciones: el cortometraje «The Couple». De entre todas ellas — de entre todas mis producciones —, de las que más orgulloso estoy es de las dos últimas, los cortometrajes «2×2» y «Noche sin Mañana».

Por lo demás, incluso antes de licenciarme en Comunicación Audiovisual tomé cursos de formación profesional en diseño gráfico, multimedia y web, además de en producción musical y edición de sonido para cine.

Y ya licenciado en Comunicación Audiovisual, encontré mi primer trabajo en el mundo del cine de la mano del documental «El enemigo común», dirigido por Jaime Otero-Romaní y basado en la transición política originada en Túnez — y extendida a lo largo de toda la comunidad árabe — a raíz del surgimiento de la «Primavera Árabe». Fue el año, además, de la revolución del 15-M, en la que tomé parte hasta que ciertos de sus lineamientos dejaron de ser sociales para convertirse en políticos y aceptar ciertos acuerdos con las corporaciones privadas a las que yo entendía que también había que atacar dentro de los presupuestos ideológicos del movimiento…

Literatura tras el desierto

Y volví del desierto tunecino sin la que llevaba años siendo mi mítica melena — ésta es una anécdota que merece la pena recordar —, con muy poco dinero en los bolsillos — y aún menos en ninguna cuenta bancaria — y sin tener muy claro si era verdadera parte de la generación a la que por grupo etario había de pertenecer…

Así que decidí volver a «la escuela». Siempre parece el sitio más propicio para empezar algo, ¿no? ¡Aprendiendo! En este caso, a la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga en laque comencé a estudiar «Interpretación Textual, Dirección Escénica y Dramaturgia». En los dos años que pasé en dicha escuela, no sólo tomé parte en algunas de las mejores representaciones teatrales que se hicieron en mi ciudad natal en dicho período, sino que, además, conseguí escribirme tres libros.

El primero, «Una historia de la literatura dramática» que, como su nombre indica, no es más que un compendio de historia de la literatura dramática, pero uno hecho bajo mi prisma. Lo que más os recomiendo de esta obra es su episodio sobre teatro estadounidense post-independencia — ¡no he visto una mejor investigación al respecto en todos los días de mi vida!

El segundo (de nombre «Sobre la técnica de la actuación de Michael Chéjov») es una síntesis sobre la técnica interpretativa de Michael Chéjov, sobrino del gran Anton Chéjov.

Y el tercero, mi favorito, una novela, de nombre «Un final para su final», en donde podréis leer — a través de la voz de sus protagonistas — cuáles son mis perspectivas en asuntos tan delicados como el de la memoria, la identidad o la repercusión que la macrocultura reinante tiene sobre nuestras existencias. Finalmente, «Un final para su final» nos hace ver que lo peor que puede pasar cuando persigues un recuerdo no es que el recuerdo haya muerto… sino que siga vivo… y que sea dicho recuerdo el que ya se ha olvidado de ti. ¡Os la recomiendo!

Y llegué a Ecuador…

Quito-Skyline-02

Y, así, estaba justo en el ecuador de mis estudios teatrales cuando decidí venirme, precisamente, a Ecuador. Es estúpido, pero recuerdo que lo decidí un 13 de diciembre de 2013… y el 10 de febrero de 2014 ya estaba aquí, en Ecuador. Mucha gente me pregunta por qué y, la verdad, todavía no tengo una respuesta verdaderamente sólida que ofrecerles. Vislumbré varias alternativas, pero, por alguna razón, Ecuador era de entre todas ellas las que más llamaba mi atención… ¿Por qué? Pues la verdad que ahora no acierto ni a recordarlo. En cualquier caso, así fue que aterricé en Ecuador hace ahora algo más de 5 años.

En este tiempo he sido modelo publicitario, profesor de universidad, actor de cine, editor de cine, productor de televisión — ¡poniendo mi propio show en antena durante casi año y medio! —, productor de cine, de teatro (¡con la primera obra teatral multimedia de la historia de Ecuador!), maestro de primaria… emprendedor compulsivo y finalmente empresario. Me ha dado tiempo, además, de estudiar una maestría en psicopedagogía de la lengua española y de su literatura a través de la Universidad de Salamanca y una diplomatura en marketing digital por la Universidad de Especialidades del Espíritu Santo.

Bueno, emprendedor y empresario lo sigo siendo, claro. Lo primero porque, por obvio, no puedo dejar de emprender — eso es lo que implica una compulsión, ¿no? —: en los últimos cuatro años he montado seis emprendimientos. Algunos han ido mejor — ¡mucho mejor! — de lo que me habría esperado y otros — que fueron los que mejor comenzaron y sobre los que más expectativas tenía — se encontraron con ciertos escollos insalvables que me obligaron a ponerles sus respectivos puntos finales. Y lo segundo, claro está, porque ya conseguí elevar algunos de mis emprendimientos a la categoría de empresas establecidas tanto a nivel burocrático como económico.

La Ruta de la Digitalización

Además de todo ello, trabajo actualmente como gerente de marketing, comunicación y creatividad en NIC.ec, la única empresa autorizada por ICANN como la administradora del ccTLD ecuatoriano, empresa a la que accedí hace ahora 29 meses como director creativo y en la que he medrado hasta alcanzar el puesto gerencial que ostento actualmente. En estos 29 meses y gracias al apoyo tanto de NIC.ec como de diferentes instituciones públicas con las que he conseguido acordar ciertos compromisos — así como de mi equipo, el mejor del «mundo mundial» — he dado a luz uno de los proyectos más interesantes de mi vida: la Ruta de la Digitalización, a través del cual pongo en conjunto dos de mis pasiones — la educación y el marketing — para proveer a los ciudadanos ecuatorianos con los suficientes conocimientos, las suficientes habilidades y las suficientes herramientas como para que puedan digitalizar sus emprendimientos, marcas y negocios aprovechándose de todas las ventajas que a nivel comercial nos proporciona Internet. Antes de cumplir su primer año, la Ruta de la Digitalización ya ha capacitado a más de 1.200 personas en la conformación de negocios digitales, en comercio electrónico, en técnicas de marketing y de marketing digital y en construcción web. ¡¡¡El orgullo se me sale por los poros!!!

RDLD: emprendedores atendiendo a las capacitaciones

Y así llegamos al día de hoy, día en el que sigo empeñado en digitalizar al Ecuador, en levantar negocios, en escribir libros, en hacer cine y teatro… ¡hasta vuelvo a tener mi propio grupo de música!

Finalmente, como diría el bueno del señor Thompson (de nombre Hunter S.):

«La vida no debería ser un viaje a la tumba con la intención de llegar de manera segura en un cuerpo bonito y bien conservado. Más bien, la vida debería ser salir de una nube de humo, completamente agotado, usado, roto… y proclamar en voz alta: “¡Wow, qué paseo!”.»

La diversión no puede ser conservada ni acumulada para más tarde, no tiene vida útil en cuanto deja de existir. Así, recordando también al emblemático Chaplin, ¡un día sin diversión es un día perdido!

Ponte en contacto conmigo