Desayuno en el Infierno

Desayuno en el infierno, un poema de Víctor Castilla.

Desayuno en el Infierno,
nos tuteamos Satanás y yo,
una vez me contó
que se había enamorado.
«Tal como lo recuerdo:
Ángel estudiante de primer año.»
Por aquella falda, me dijo,
ni tener adiós de suegro
le hubiera importado.
«Qué coraje, qué celo, qué nervio,
qué sabiduría, qué talle, qué bello,
y qué sesos y cojones tenía.»
Pregunté si era escocés,
«yo de sexos no entiendo», me dijo,
«que más sé yo por viejo que…
Por ir concluyendo no me lo tiré.

Y con eso del amor te confieso
que con un beso me hubiera conformado.
Que ser el Rey del Averno
no ha llenado el hueco
que dejó en mi corazón.»
«¿Satanás es maricón?», pensé.
«Qué acierto, qué ironía,
qué gran reflexión:
es un Cielo este Infierno
para la gente como yo.»
«Sí, y Dios es negro, perra,
¡qué gran error!», dijo, y me reí.
Ni pobre ni ateo,
ni mujer ni esclavo,
que en la Tierra el único pecado
es querer ser feliz.