Creando Personajes

Estoy seguro que lo primero que se te viene a la cabeza no es lo simpático, amable, educado… Lo que te llamó la atención sobre ese personaje en concreto fueron sus neuras, sus detalles, sus idiosincracias, aquellas que no comparte con los demás.

Los personajes.

¿Qué les pasa a los personajes? No soy defensor de los grandes perfiles de personajes que trascienden a lo largo de folios y folios de anecdotario pueril e inútil. En cambio si que me interesan los pequeños detalles. ¿Qué música escucha Ulises? ¿Qué fobia tiene Esteban? ¿Algún personaje tiene mascota? ¿Quién? ¿Y los que no tienen mascota, qué mascota tendrían? ¿O por qué no tendrían mascota? ¿Qué tipo de pendientes les gustan a las chicas? ¿Qué cantidad de maquillaje usan? ¿Colores paste u ocres? ¿Falda o pantalón? ¿Pana o vaquero? ¿Agua mineral o de grifo? ¿Pepsi o Coca-cola?

Todo esto son ejemplos llevados al límite para que veas que un “romántico y amistoso trabajador inofensivo” interesa menos que un “aracnofóbico compulso con una fijación por Pete Best (primer – y desconocido – batería de The Beatles). O una mujer “femenina e interesante” queda menos definida que una mujer con una tonelada y media de maquillaje en tonos pastel a la que le gusta escuchar opera mientras da de comer a su gato egipcio, de nombre «Pigmeo».

Y no me refiero a que tengas que forzar los personajes hasta hacerlos surrealistas freaks de circo. Me refiero a que, conociendo todas estas cosas que parecen estupideces, lo obvio no se hace necesario de contar. Puedes imaginar mejor un personaje (y lo más importante: puedes amarlo más, identificarte más) desde sus detalles más nimios que desde sus rasgos más característicos. Por ejemplo, alguien que prefiera el frito a la plancha es alguien a quien no te vas a imaginar gordo, al menos en principio. Alguien que requiera, ex profeso, agua mineral va a ser un poco pijo… Todo esto a no ser que luego se exprese de otro modo.

Piensa en tu personaje favorito de película.

Estoy seguro que lo primero que se te viene a la cabeza no es lo simpático, amable, educado… Lo que te llamó la atención sobre ese personaje en concreto fueron sus neuras, sus detalles, sus idiosincracias, aquellas que no comparte con los demás.

Sherlock Holmes

Piensa en un personaje típico y clásico, que todo el mundo pueda conocer…

¿Sherlock Holmes, por ejemplo? ¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza, que era analítico, que era un borde? ¡Es el detective más famoso de la literatura! El tío más inteligente de su época… Si él no era analítico y un poco misántropo, ¿quién lo iba a ser? En cambio, lo que lo definía, lo que lo hacía único no era su capacidad de análisis crítico, su altivez, su inteligencia. Lo que lo hacía personal, casi tangible, apropiado para llegar a haber sido sujeto de estudios psico-sociológicos eran sus detalles, su aparente homosexualidad, su adición a la cocaína, su sapiencia por la química, su habilidad para tocar el violín, su pipa, su capa y su gorro. Eso era Sherlock Holmes, más allá de ser “un gran detective privado de la era victoriana británica que residía en el 221B de Baker Street, Londres, y que resolvía, gracias a una habilidad analítica privilegiada los casos que a Scotland Yard se le antojaban imposibles”.