Todo perdió el control

Todo perdió el control

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«Todo perdió el control»

La primera novela de Iván Aranda

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En «Todo perdió el control», de Iván Aranda, Hugo Larra afronta una peculiar crisis de los cuarenta. Escribe este libro siguiendo la recomendación de su psiquiatra. Con un estilo directo y sencillo marcado por su acidez y frustración vital. Tras sufrir un divorcio vive una vida ordinaria de divorciado sin hijos. Con un trabajo que odia, relaciones amorosas que no le satisfacen… Las cosas comienzan a cambiar cuando muere su padre y se ve obligado a viajar a su pueblo natal y encontrarse con su familia.

Hugo, inundado en alcohol y cocaína, emprende su marcha hacia el pasado, en busca de una redención que jamás llegará. Conocerá a personajes variopintos por el camino que le harán replantearse incluso su virilidad. Y se encontrará con su familia de nuevo, en un hogar que dejará de serlo para él. Su temperamento se irá desquiciando poco a poco tras una serie de acontecimientos que cambiarán su vida para siempre.

.- Eridé ediciones.

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Una historia escrita en un estilo directo y sencillo marcado por la acidez y la frustración vital de Hugo Larra, protagonista de esta historia, la que cambiará su vida para siempre…

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Branding: el nacimiento de una marca

Branding

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Branding: el nacimiento de una marca

Así pues, el proceso de nacimiento de una marca (branding) se desarrolla en tres procesos inclusivos y circulares los unos respecto a los otros:

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1.- Branding: conceptualización del «producto»

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En ella, el cliente expone la idea y los valores que hay detrás de ese producto, las necesidades que trata de cubrir con él, sus objetivos, sus expectativas, los principios corporativos que lo amparan… Toda una serie de detalles que permiten a marketing y a comunicación tener una idea cada vez más exacta de qué es exactamente lo que busca el cliente y qué herramientas son las más convenientes para colaborar en esa búsqueda.

En ese sentido, marketing y comunicación, en su labor circular junto al cliente, comienzan a definir la naturaleza del producto que hay tras la marca: el bien, servicio, idea, persona, lugar, organización o institución que se ofrece en un mercado, en principio para satisfacer una necesidad. Esto viene acompañado de un estudio de la cartera de productos amparados bajo la marca que representa el cliente, el estudio de la diferenciación de esos productos y la creación de una marca general o específica bajo la que comenzar a trabajar el «producto». Por último, se determina cuál será la presentación de dicho producto y los canales a través de los cuales éste será tanto ofrecido como comunicado al público.

De ese modo, cliente, marketing y comunicación trabajan codo con codo en el proceso de branding o construcción de la marca. Y esto se hace mediante la administración estratégica del conjunto total de activos vinculados en forma directa o indirecta al nombre (logotipo) y/o símbolo (imagotipo) que identifican a la marca influyendo en el valor de ésta, tanto para la empresa propietaria de la marca como para sus clientes. O dicho en otras palabras (menos enrevesadas): se procede a la expresión social y a la manifestación física de la marca. Esto es, a la creación de la identidad visual y corporativa de la marca, así como del producto y del cliente que la respaldan.

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2.- Proceso mercadotécnico y proyección de la identidad corporativa: la experiencia emocional

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Así, mientras marketing pone en funcionamiento otra serie de herramientas relacionadas con el precio, el estudio de la competencia, los puntos de venta, los canales y la planificación de distribución, los proveedores (de ser necesarios) y la disposición, presentación y promoción del producto, comunicación comienza a darle una forma física a la marca, una expresión tangible; comienza a reflejar en la marca el valor corporativo del producto y del cliente que están tras ella; y, a su vez, comienza a darle una forma atractiva al esfuerzo de marketing, reforzando a través de técnicas como la publicidad y las relaciones públicas el esfuerzo de marketing respecto a la penetración de cada producto dado en su más apropiado mercado. Todo ello, por supuesto, mientras comienzan la creación de otra serie de canales que resultan imprescindibles para ofrecer la experiencia emocional que, de modo inherente e inalienable respecto a las tendencias del marketing y la comunicación que a día de hoy vivimos, ya es una obligación por parte de las empresas y sus marcas respecto a sus audiencias.

Y es que la característica principal de los canales comunicativos de una empresa o marca radica no sólo en su naturaleza bidireccional, sino en las cualidades particulares del feedback que ésta permite; un feedback que equivaldrá a la recepción de una información directamente manifestada por parte del usuario de la marca. Esto establece una clara diferenciación respecto a otras vías: el usuario ya no nos habla a través de cifras o de grupos demográficos; nos habla de su realidad, de su relación con el producto y también de sus necesidades y de sus carencias, abriendo todo un nuevo abanico al concepto «atención al cliente».

Es cuando la experiencia emocional del branding entra en juego. La democratización de los medios que provoca Internet nos conduce a todos a sentirnos productores y protagonistas de nuestra propia realidad mediada. Una realidad en la que cada marca es todo aquello que representa, todo aquella representación que sabe y puede comunicar; y cómo los usuarios se hacen partícipes de esa representación y la incorporan en sus vidas, fomentando la relación de cada usuario con cada marca y fomentando la lealtad a ellas.

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3.- Comunicación pura

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Así que ya tenemos un cliente y a su producto asociados indisolublemente tras una marca que ha comenzado a proyectar su identidad al mercado en forma de comunicación corporativa (para lo que obviamente ha ayudado tener una expresión del branding en forma de identidad visual y corporativa) mientras se hacían los estudios pertinentes de mercado para determinar la buena marcha comercial del proyecto.

¿Y?

Pues que ahora toca llegar al público. Diseñar unas campañas muy chéveres con fotos muy chéveres y diseños muy chéveres con textos muy chéveres de eslóganes muy chéveres que luego integren vídeos muy chéveres con animaciones más céveres todavía que se metan en las cabezas de un público que pronto será leal al producto de tal modo que comience a hablar de él, a incluirlo en su experiencia general, del que pronto habrá que comenzar a recibir feedback.

Comenzar a establecer nexos con los medios de comunicación social que permitan la difusión rápida y económica de ese branding, de esa identidad corporativa, de esa marca, la penetración de ese «producto» no sólo en los mercados, sino en las sociedades; hacer que ese producto, apoyado en ese plan de marketing, pise fuerte en los unos y en las otras. Mantener el reflejo de la solidez de la marca en una sólida imagen digital. Apelar continuamente a la atención del público, fomentar su lealtad a la marca a través del mantenimiento de la bidireccionalidad de la comunicación con él, hacerle tomar parte en la definición de esa experiencia emocional. Determinar la información y la forma en que ésta llega a ese público. Todas esas son tareas propias de un proceso que, junto al de mercadeo y al de conceptualización del proyecto, son continuos, circulares e inclusivos.

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Comunicación: por qué se paga

Comunicación

[vc_row][vc_column][trx_title type=”2″ align=”center”]Comunicación: por qué se paga[/trx_title][vc_empty_space][vc_column_text]

Qué difícil es entender la necesidad de la comunicación. Cuánto lo es entender realmente por qué se paga cuando se paga. Es sencillo cuando saber qué pagamos cuando compramos un coche o un electrodoméstico. Resulta incluso sencillo entenderlo a la hora de pagar por el diseño de un logotipo o la creación de un vídeo: cosas perceptibles a los sentidos, cuanto menos.

Pero cuando se paga comunicación, se está pagando algo efímero e intangible; y, por supuesto, completamente abstracto.

Algunos lo querrán medir en cifras. Tratarán de equipararlo a los balances mercantilistas del producto o el cliente. Nada más erróneo, pues, en ese sentido, la estadística siempre ha sido falaz. Pertenecemos a una sociedad de números que se mide casi exclusivamente por lo cuantitativo. Así que lo expresaré en números:

» Digamos que un hotel atrae 6 consultas al mes que se convierten en 6 visitas. Hablamos de una eficacia del 100% de contratación por consulta. Tras contratar una campaña de comunicación, las consultas se multiplican hasta 60. Ahora bien, el hotel sigue recibiendo los mismos 6 huéspedes mensuales que antes de contratar la campaña. El cliente bien podría quejarse de que la campaña de comunicación redujo en un 90% su eficacia (ya que de 60 siguieron quedándose 6). O, incluso, que de todos modos no sirve para nada ya que su flujo comercial no varía. Podría, en cambio, pensar en examinar su plan de marketing. Quizá así reconocería saludablemente que la campaña de comunicación extendió su clientela potencial en un 1000%.

[/vc_column_text][vc_empty_space][vc_single_image image=”2153″ img_size=”full” alignment=”center”][trx_title type=”3″ align=”center”]Comunicación: la metáfora agrónoma[/trx_title][vc_empty_space][vc_column_text]

Si me permiten recurrir a una metáfora agrónoma, un cliente (el sol) quiere plantar su «producto» (una semilla) en un hoyo (nicho de mercado) cuya posición ha debido ser labrada, cavada y abonada por el pertinente análisis mercadotécnico. En ese nutrido suelo la semilla es enterrada y entonces se riega. Y qué mejor que una llovizna continua para mantener el suelo húmedo y excitar la germinación de esa semilla. Esa llovizna continua es la comunicación que, en un esfuerzo conjunto con el suelo mercadotécnico y la luz del esfuerzo de ese sol que es el cliente poniendo todo su duro trabajo tras su «producto», hace germinar esas semillas en raíces que, más tarde, acaban conformando tallo, hojas, flores y, por supuesto, frutos.

Pero la comunicación no entra, ni mucho menos en un tercer estado del proyecto. Muy al contrario, la comunicación habrá de ser tenida en cuenta desde un principio, en conjunto con la asesoría de marketing y la opinión del propio cliente sobre su «producto».

Así, en la conceptualización del «producto», tanto las ideas del propio cliente — que es el que inicialmente mejor ha de conocer su «producto» y lo que éste implica —, como la (toma de) posición de este «producto» en el mercado que le resulte más apropiada (es decir, todo lo que el trabajo de marketing implica), como de qué formas, con qué contenidos y a través de qué canales será comunicada el nuevo «producto» al público, son cuestiones esenciales en el desarrollo del nacimiento de ese mismo «producto» y de la identidad corporativa que lo respalda.

[/vc_column_text][vc_empty_space][trx_title type=”3″ align=”center”]Comunicación: las conclusiones[/trx_title][vc_empty_space][vc_column_text]

Podemos, por tanto, a estas alturas, extraer tres conclusiones principales:

  1. La comunicación es algo abstracto, efímero e intangible cuyos resultados no puede responder a la falacia de la estadística, mucho menos cuando ésta se basa en principios mercantilistas.
  2. El proceso comunicativo debe estar presente desde la misma concepción del «producto».
  3. Esta concepción tiene tres progenitores: el cliente, el marketing y comunicación.

[NOTA: Obsérvese que la palabra producto va entrecomillada porque no se trata siempre, ni mucho menos, de un producto per sé lo que se trata de hacer llegar al público. A veces se trata del propio cliente, de uno de sus servicios o de uno de sus fines sociales; pero creo que así se entiende perfectamente la metáfora.]

Más sobre marketing y comunicación en «El nacimiento de una marca». O déjate engatusar por estas magníficas «citas sobre gatos».

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El amor en la Edad Media

El amor en la Edad Media

[vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]El amor en la Edad Media (amor cortés) representa una concepción complicada del amor propia de la complejidad social que la época en la que nació llevaba adscrita. Hablamos de una sociedad, primero, muy violenta y, segundo, extremadamente jerarquizada. En ella, el máximo exponente de la masculinidad quedaba representado por el hombre de armas, los velatores, quienes parecían encontrarse en la perpetua necesidad de hacer destacar su honor por encima del de sus semejantes — y de demostrarlo a través de continuas manifestaciones de su valor (entendido éste tanto como importancia como valentía).

A fin de cuentas, la concepción romántica del amor cortés encontraba sus pilares en los principios de la nobleza y la caballerosidad, pilares en sí mismos construidos acorde a la esencia rígida y estricta que permeaba todos los aspectos socioculturales de la época; amparados, por supuesto, en la estricta rigidez de la religión católica, presente en cada aspecto de la vida — e incluso del lenguaje a través del latín, lengua oficial de la Iglesia Católica, principal órgano de autoridad de la época.

Así, el amor cortés nacía de dos padres enfermos: primero, de la mórbida necesidad de evidenciar constantemente el honor a través de muestras — algunas descabelladas — de valentía; y, segundo, de las diferentes directrices dogmáticas de la filosofía católica: la búsqueda del amor divino como principal aspiración humana, la consecución de éste a través del sufrimiento terreno y la personificación de ambos en la búsqueda axiomática de la virtud humana — en relación, una vez más, a la virtud divina.

De este modo, ante una sociedad esencialmente crédula, el amor cortés salió de la literatura para instalarse en la sociedad que le había dado vida. El amor cortés se traducía, por ende, tanto dentro como fuera de los libros, en una suerte de juego retorcido en el que el hombre entregaba su posesión más valiosa — el honor — a una mujer, no sin antes pasar todas las pruebas y peripecias necesarias para demostrar que ese honor — a través del valor — hacía digno dignatario al hombre — el caballero — del amor de esa mujer — la dama.[/vc_column_text][vc_empty_space height=”20px”][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”1970″ img_size=”full” alignment=”right” style=”vc_box_rounded”][vc_empty_space height=”35px”][vc_column_text]El amor en la Edad Media encontraba otro de sus principales pilares en su esencia dramática. Y es que no sólo se trataba de evidenciar el proceso casi jurídico de la puesta a prueba del amor mutuo de los pretendientes. A fin de cuentas, siguiendo la tónica religiosa, el juicio máximo había de ser de Dios y sólo poniendo el romance a prueba de su juicio, los amantes estaban siendo consecuentes con su fe y certificando verdaderamente la divinidad de su amor. Se trataba de hacerlo de una manera dramática en tanto que teatral, histérica en tanto que enferma de necesidad de atención — como lo era la necesidad enfermiza de demostrar constantemente el propio honor, por ejemplo — e histriónica en el sentido de que esta representación amorosa no era más que una máscara (histrion) que cubría el romance a ojos de la sociedad que asistía a su formación. Un histrionismo en muchos casos relacionados a través de la frustración y la sublimación de ésta al erotismo: en un mundo en el que el sexo era el máximo tabú, la catarsis (representada al estilo de la tragedia clásica) era, más que emocional, la resultante de la sublimación de la frustración sexual instalada en la época, así como otra de las componentes fundamentales de este tipo de amor y de la literatura en la que estaba contenido.

~IF.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Noche sin Mañana

Noche sin Mañana

[vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=m_G2yF4-5wQ”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][trx_dropcaps style=”1″][vc_column_text]E stimados amigos, compañeros, familiares, conocidos y desconocidos:[/vc_column_text][vc_empty_space][vc_column_text]

Les invito a que disfruten de estos casi 19 minutos de cine producidos por Elm St. Productions bajo el guión y la dirección de Ibai Fernández, basado en la obra original del increíble escritor español Iván Aranda, «Una merecida recompensa».

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El nombre de este cortometraje es «Noche sin Mañana» y fue producido bajo la batuta de Mónica Montúfar, Christian Siza y el propio Ibai Fernández, que también puso su experiencia al servicio de la fotografía y de la edición con la ayuda de Milton Manobanda en la operación de la cámara y de Stalin Rodríguez en el ajuste de color.

En la dirección asistió Attis Burnham, la dirección de arte corrió a cargo de Andres «Wipi» Gómez con la asistencia de Belén Klockare en el diseño de vestuarios y de Geovanna Herrera en el diseño de maquillaje y peluquería, así como de la propia Mónica Montúfar en el diseño de los créditos. Por último, Iñaki García hizo todo lo que había que hacerse por la banda sonora del film y Juan Carlos Moya volvió a sorprender con sus composiciones musicales originales.

[/vc_column_text][vc_column_text]El cortometraje, protagonizado por los descomunales Alfredo Espinosa y Antonella Moreno nos narra, desde una perspectiva claustrofóbica, desengañada y pesimista, cómo un escritor apolillado de supuesto éxito y una prostituta muy especial se enfrentan a lo que en principio parece el suicidio de uno de ellos… pero, ¿acabará siéndolo?[/vc_column_text][/trx_dropcaps][/vc_column][vc_column width=”1/2″][trx_dropcaps style=”1″][vc_column_text]D earest friends, pals, family, those whom I know and those who¡m I do not,[/vc_column_text][vc_empty_space][vc_column_text]

I am honored to invite you to enjoy these 19 minutes of film, produced by Elm St. Productions, written and directed by Ibai Fernández and based upon the short story “Una merecida recompensa”, written by the amazing Spanish writer Iván Aranda.

[/vc_column_text][vc_column_text]

Welcome to “Noche sin Mañana”, produced by Mónica Montúfar, Christian Siza and Ibai Fernández himself, who also ran the direction of photography and the editing of the movie, with the invaluable collaboration of Milton Manobanda as camera operator and Stalin Rodríguez as color specialist.

For the direction of the film, Ibai counted on Attis Burnham. Art direction was entitled to Andres «Wipi» Gómez with the assistance of Belén Klockare in costume design and Geovanna Herrera for make-up and hair-dressing, as well as Mónica Montúfar herself in the design of the credits. Finally, Iñaki García did everything that needed to be done to what the sound of the film concerns, and Juan Carlos Moya amazed once again with his original score.

[/vc_column_text][vc_column_text]This short movie, starred by the Alfredo Espinosa and Antonella Moreno tells, from a claustrophobic, disillusioned and pessimistic perspective how a supposedly successful, moth-eaten writer and a very special prostitute face what initially seems to be the suicide of one of them… but, will it end up being so?[/vc_column_text][/trx_dropcaps][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_text_separator title=”Ibai Fernández”][vc_empty_space][vc_single_image image=”1893″ img_size=”647×960″ alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row]

Creati-m-idad

Creatimidad

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La creatividad en el siglo XXI (poesía visual)

[/trx_title][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”2/3″][vc_single_image image=”1864″][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_column_text]La creatividad en el siglo XXI:
un post-it (éste) encontrado
en el suelo de una calle
pisoteado
(y esto no es ninguna metafora)
tímido tras la mancha de la suela
con una grafía que
precisamente
parece querer decir:(Creati-m-idad)[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

Creando Personajes

Sherlock Holmes

[vc_row][vc_column width=”1/4″][/vc_column][vc_column width=”3/4″][trx_quote style=”style_2″]Estoy seguro que lo primero que se te viene a la cabeza no es lo simpático, amable, educado… Lo que te llamó la atención sobre ese personaje en concreto fueron sus neuras, sus detalles, sus idiosincracias, aquellas que no comparte con los demás.[/trx_quote][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]

Los personajes.

¿Qué les pasa a los personajes? No soy defensor de los grandes perfiles de personajes que trascienden a lo largo de folios y folios de anecdotario pueril e inútil. En cambio si que me interesan los pequeños detalles. ¿Qué música escucha Ulises? ¿Qué fobia tiene Esteban? ¿Algún personaje tiene mascota? ¿Quién? ¿Y los que no tienen mascota, qué mascota tendrían? ¿O por qué no tendrían mascota? ¿Qué tipo de pendientes les gustan a las chicas? ¿Qué cantidad de maquillaje usan? ¿Colores paste u ocres? ¿Falda o pantalón? ¿Pana o vaquero? ¿Agua mineral o de grifo? ¿Pepsi o Coca-cola?

Todo esto son ejemplos llevados al límite para que veas que un “romántico y amistoso trabajador inofensivo” interesa menos que un “aracnofóbico compulso con una fijación por Pete Best (primer – y desconocido – batería de The Beatles). O una mujer “femenina e interesante” queda menos definida que una mujer con una tonelada y media de maquillaje en tonos pastel a la que le gusta escuchar opera mientras da de comer a su gato egipcio, de nombre “Pigmeo”.

Y no me refiero a que tengas que forzar los personajes hasta hacerlos surrealistas freaks de circo. Me refiero a que, conociendo todas estas cosas que parecen estupideces, lo obvio no se hace necesario de contar. Puedes imaginar mejor un personaje (y lo más importante: puedes amarlo más, identificarte más) desde sus detalles más nimios que desde sus rasgos más característicos. Por ejemplo, alguien que prefiera el frito a la plancha es alguien a quien no te vas a imaginar gordo, al menos en principio. Alguien que requiera, ex profeso, agua mineral va a ser un poco pijo… Todo esto a no ser que luego se exprese de otro modo.

Piensa en tu personaje favorito de película.

Estoy seguro que lo primero que se te viene a la cabeza no es lo simpático, amable, educado… Lo que te llamó la atención sobre ese personaje en concreto fueron sus neuras, sus detalles, sus idiosincracias, aquellas que no comparte con los demás.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”1828″ img_size=”full”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][vc_column_text]Piensa en un personaje típico y clásico, que todo el mundo pueda conocer…

¿Sherlock Holmes, por ejemplo? ¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza, que era analítico, que era un borde? ¡Es el detective más famoso de la literatura! El tío más inteligente de su época… Si él no era analítico y un poco misántropo, ¿quién lo iba a ser? En cambio, lo que lo definía, lo que lo hacía único no era su capacidad de análisis crítico, su altivez, su inteligencia. Lo que lo hacía personal, casi tangible, apropiado para llegar a haber sido sujeto de estudios psico-sociológicos eran sus detalles, su aparente homosexualidad, su adición a la cocaína, su sapiencia por la química, su habilidad para tocar el violín, su pipa, su capa y su gorro. Eso era Sherlock Holmes, más allá de ser “un gran detective privado de la era victoriana británica que residía en el 221B de Baker Street, Londres, y que resolvía, gracias a una habilidad analítica privilegiada los casos que a Scotland Yard se le antojaban imposibles”.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row]

Queer (Marica)

[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”de William S. Burroughs” font_container=”tag:h2|text_align:right|color:%232a2a2a” use_theme_fonts=”yes”][vc_separator color=”black” align=”align_left” border_width=”3″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Es ésta la segunda vez que leo a Burroughs. La primera fue Yonqui (JunkJunkie Junky, como fue la grafía original que pretendía Burroughs, quien le añadió el subtítulo de Confessions of an Unredeemed Drug Addict – Confesiones de un Drogadicto Irredento), una obra publicada en 1953 que no me dejó nada indiferente. Tanto fue así que, nada más terminar de leerla, corrí a la librería a buscar este Marica.[/vc_column_text][vc_empty_space][trx_image url=”1492″][vc_empty_space][vc_column_text]Se tratan ambas de novelas escritas a fines de la década de los 40 o quizá comienzo de los 50 y ambas son complementarias. Es decir, el paréntesis que encontramos en Yonqui es el que se narra en Marica. En él,  William S. Burroughs – o William Lee, el seudónimo escritor bajo el que originalmente publicó ambas novelas  y también el nombre de su protagonista – abandona Estados Unidos por sus problemas con la justicia a causa, principalmente, del tráfico de drogas y recala en México. Y precisamente en ese momento fue en el que Burroughs escribió estas dos obras.
Cabe señalar que tanto la práctica totalidad de la obra de Burroughs como la práctica totalidad de la obra adscrita a la Generación Beat, de la que su autor representa un pilar básico, son de naturaleza autobiográfica.

Yonqui y Marica estaban llamadas a ser partes del mismo corpus, de la misma novela. Pero, viviendo Burroughs en Ciudad de México y teniendo al mismísimo Allen Ginsgberg como agente literario – habiendo sido éste, de hecho, el que le animaría a escribir amparado en la calidad de la escritura epistolar de Burroughs –, fue éste quien le azuzaría a revisar el texto para que fuera publicable en los Estados Unidos de América en una fecha en la que la censura homófoba nada quería saber de las partes que luego conformarían Marica, publicado finalmente en 1985.

Escrita como su hermana melliza – Yonqui –, pues, en esa clave autobiográfica tan marcada de la Generación Beat, Marica supondría, probablemente, la tercera incursión de Burroughs en la novela, después del propio Yonqui y de Y los hipopótamos hirvieron en sus tanques (publicado por primera vez en 2008), obra que escribió a medias con el otro gran buque insignia de esta generación Jack Kerouac.

La primera gran diferencia que encontramos, no obstante, entre Yonqui y Marica es que ésta segunda está escrita en tercera persona, mientras que aquella lo está en primera. Como relata el propio Burroughs en el prólogo de Marica – escrito en febrero de 1985 –, el protagonista de esta novela, a pesar de ser el mismo protagonista de Yonqui, está desenganchado de los opiáceos que tanto le protegían de modo que se muestra “desequilibrado, urgentemente necesitado de contacto, totalmente inseguro de sí mismo y de sus objetivos”, en palabras del propio Burroughs. O también, traduciendo directamente de sus palabras: “Cuando se quita la tapa, todo lo que ha estado controlado por el caballo sale a borbotones.[/vc_column_text][vc_empty_space][trx_image url=”1488″ title=”Peter Orlovsky, William Burroughs y Paul Lund cenando en Tony’s Restaurant, Tangier, 1969. Foto de Allen Ginsberg via Flickr”][vc_empty_space][vc_column_text]Así pues, el Burroughs/Lee de Yonqui y el Burroughs/Lee de Marica son, cual misterio vaticano, la misma persona y una persona diferente. A aquel no le importaba nada, no sentía ni padecía salvo que se le acabaran las correspondientes dosis, incluso en el marco de una detención policial.

Algo que me llama poderosamente la atención en este Marica de W. S. Burroughs es la carencia de cara de todo el mundo, de todos los personajes que pululan por esta realidad grotesca y postmodernista del imaginario del autor, incluyendo la del propio protagonista.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]Los seres que habitan Marica tienen expresión (o expresiones), y, de hecho, son imágenes magníficas del espíritu y la naturaleza humana, pero no tienen cara ni rostro, salvo deseo de ponerle a Lee la efigie de Burroughs y el conocimiento reiterativo que nos brinda la narración acerca de las maravillosas y rectas cejas negras de Allerton – objeto de deseo por antonomasia de Burroughs/Lee en esta narración – y de su poderosa cabellera rubia.Pero el Burroughs/Lee de Marica sí que siente y que padece. Como el propio Burroughs llega a indicar en el prólogo, “está sujeto a los excesos emocionales de un niño o un adolescente”. Llora y ríe y trata de llamar la atención de aquellos que le rodean. Se exaspera en su apartamento, se deprime, adopta posturas fetales en espera del amanecer y hasta que cae dormido, y le aflige la frustración de no poder conseguir aquello que quiere, porque ya no es tan fácil como comprar una buena dosis de heroína o morfina.

En Marica la búsqueda es constante. Por supuesto, el protagonista Burroughs/Lee se busca a sí mismo sin quizá darse cuenta de ello (pero, ¿no lo hacemos todos?). Pero también busca a un Allerton que parece reticente a aceptar su propia tendencia homoerótica. Un combate de boxeo en el que, de antemano se sabe, Burroughs/Lee tiene todas las de perder (además de todas las de recibir una monumentalísima paliza tras tratar de resistir durante un largo número de asaltos). Pero la búsqueda no acaba ahí. Traída directamente desde Yonqui, el nudo argumental de Marica desemboca en la búsqueda del yage (o yagé), una sustancia de la que Burroughs/Lee pretende extraer cualidades telepáticas.

Esta búsqueda del banisteriopsis caapi, más comúnmente conocida como ayahuasca – aunque en el texto se llega a mencionar que bien podrían ser dos sustancias distinas, prueba del desconocimiento de Burroughs en lo que a esta sustancia psicotrópica en particular se refiere – lleva a Burroughs/Lee de viaje por Centroamérica y Sudamérica, revelándose finalmente como una misión totalmente infructuosa.

Al menos, en ella, disfruta – a veces padece – la compañía del propio Allerton que, casi en el papel de chapero, acepta el viaje y la proposición de relaciones sexuales con el protagonista en una dieta de a dos veces por semana – que, por supuesto, Burroughs/Lee tratará de ampliar en la medida de lo posible.

Esto nos podría llevar a pensar que, bajo el título y con este plan consabido, estamos en ciernes de leer un relato que se regocija en algún tipo de erotismo. Pero no. El erotismo en Marica se restriñe a las opiniones y los deseos – a veces desmedidamente mórbidos, e incluso pedófilos, mas siempre reprimidos – del protagonista. En la frustración a la que se ve sometido Burroughs/Lee en su trato con Allerton y que puede remitirnos – y nos remitirá, si no se nos heló el corazón – a una tristeza infinita. Y a algún punto y aparte tras el que los protagonistas de estas escenas fuman un cigarrillo acostados en una cama sobre sus espaldas, el uno al lado del otro.

Sólo un atisbo de ternura se encuentra en la persona/personaje de Allerton, cuando Burroughs/Lee vuelve a ser objeto de un profundo síndrome de abstinencia conforme comienzan su viaje por Mesoamérica. Por lo demás, Allerton no es más que otra de las muchas cáscaras vacías que, sin efigie, se pasean por el animalario autobiográfico de William S. Burroughs.[/vc_column_text][vc_empty_space][trx_image url=”1486″ title=”Lawrence, Kansas, 1984, on Oliver Harris’ first meeting William S. Burroughs, around the time that the New York Times broke the publishing contract story regarding Queer.”][vc_empty_space][vc_column_text]Es por ello que Marica resulta una novela con la que (más aún si no has leído Yonqui) podría resultar difícil la conexión. Durante muchas páginas, la verdad, es difícil saber qué estás leyendo. Ese animalario mencionado, con todos sus personajes descarados – y ya sabemos que digo esto en el sentido literal –, encapsulado en los diferentes bares por los que se mueve nuestro querido protagonista y autor, enmarcados estos en un contexto oscuro y grotesco sabiamente descrito desde el primer carácter por el mismo, está sujeto a una monotonía que, en un principio, puede parecer carente, cuanto menos, de sentido narrativo.

Pero, la verdad sea dicha, la literatura de Burroughs (al menos este trabajo dual que constituye la suma de Yonqui y Marica) tiene ese atractivo que sólo la literatura más maldita suele tener. Lo grotesco, lo reflexivo… y un sentido del humor que, en el momento más inesperado e inoportuno sabrá arrancar la carcajada del ávido lector, hacen de esta obra (y de su melliza Yonqui), una genial iniciación para aquellos que quieran conocer, de primera mano, los albores de la Generación Beat y del trabajo de este magnífico y prolífico autor que es William Seward Burroughs.[/vc_column_text][vc_empty_space][trx_image url=”1490″ title=”William S Burroughs grabando Red House 1992 Foto de Jon Blumb all rights reserved”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row full_width=”stretch_row” css=”.vc_custom_1434546213787{padding-top: 25px !important;background-color: #2a2a2a !important;}”][vc_column][vc_cta h2=”Un Final para su Final” shape=”square” style=”flat” color=”black” add_button=”right” btn_title=”Ver más” btn_style=”outline” btn_shape=”round” btn_color=”white” btn_size=”sm” btn_align=”center” btn_button_block=”true” btn_add_icon=”true” btn_custom_onclick=”true” btn_link=”url:http%3A%2F%2Fwww.ibaifernandez.com%2Fun-final-para-su-final%2F|||”]

La primera novela de Ibai Fernández, nos llevará de viaje por la memoria y el olvido para plantearnos serias cuestiones sobre lo que en realidad supone la formulación de cada identidad.

[/vc_cta][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=”Otras recomendaciones” font_container=”tag:h2|text_align:left|color:%232a2a2a” use_theme_fonts=”yes”][vc_separator color=”black” align=”align_left” border_width=”3″][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/3″][vc_custom_heading text=”Libro 2″ font_container=”tag:h3|text_align:center|color:%232a2a2a” use_theme_fonts=”yes”][vc_column_text]

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Un día nos haremos viejos

Salango_77

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Huiremos y nos haremos viejos.
Volveremos a terminar lo que empezamos.
Al final seremos jóvenes
haciendo lo que hacen los viejos;
viejos haciendo lo que
desearían
hacer de jóvenes.

Huiremos y nos haremos viejos.
Con un puesto de friturita
justo en Huelin.
Boquerones, calamares y chanquetes…
A la rica almendrita de mi tierra
(para abrir boca).

Al paseo de cielos violetas y anaranjados
entre rocas rompeolas
que rompen corazones;
entre gritos que irían
de la cocina
hasta el mercado…
Entre (tus) olores…

Entre sabores almibarados
de tu boca a la mía,
de mi alma a tu vagina.
A espetos que me espetan
en qué se ha convertido el pasado
mientras me imagino que,
una vez,
me hice viejo a tu lado.

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